Pequeñas pérdidas contínuas de fluido vital menguan mi energía, que fluye vastamente por todos los poros abiertos de par en par. Transcurren las horas mientras divago sobre cuál es el sentido del ser. Simples razonamientos filosóficos podrían acabar en un santiamén con todas mis cavilaciones, pues carezco de todo argumento que se sustente algo más que castillos en la arena.
Releyendo textos que creía haber estudiado con detenimiento me percato de que jamás supe de su existencia, pese a tenerlos en mi haber, cubiertos de polvo por el desuso. Uno de ellos me traslada ipso facto a una esfera del conocimiento superior, donde la mezcla racial conlleva la sublimación de las emociones... Súbito, una mujer interrumpe mis elucubraciones, viste de negro desde la coronilla hasta donde se sustenta el peso del estar. Salta a la vista que su porte es histriónico y absurdo, más propio de un lemur que de un ser humanizado; seguro que se regocija de ello cada vez que se contempla entre espejos. Mas su exclusividad sólo es inclusiva, pues rostros humanoides altamente parecidos al suyo copan este entorno tan enrarecido de inteligencia y vulgaridad. Un vistazo fugaz, como una estrella en vacaciones, me descubre una sonrisa amigable, sutilmente tapada por los surcos de la llorona; el ser de la guadaña ha reaparecido, aguardando cínicamente que en breve se tornen cianóticos sus finos labios de mujer.
Descanso.
Tras una pausa para coger aire y llenar mi sangre aún más de café macchiato aguado, no sin dejar de contemplar los ademanes de comprensión mútua de dos interlocutores extranjeros, me paseo por el claustro bajo el cielo amenazador. Un non-grato viento otoñal ahuyenta las sílfides que, aterradas, se refugian entre calcárea centenaria. Yo, alelado por tamaño espectáculo, bajo los párpados mientras son escupidas las primeras lágrimas de la tormenta. Prosigo mi viaje.
Descanso.
Tras una pausa para coger aire y llenar mi sangre aún más de café macchiato aguado, no sin dejar de contemplar los ademanes de comprensión mútua de dos interlocutores extranjeros, me paseo por el claustro bajo el cielo amenazador. Un non-grato viento otoñal ahuyenta las sílfides que, aterradas, se refugian entre calcárea centenaria. Yo, alelado por tamaño espectáculo, bajo los párpados mientras son escupidas las primeras lágrimas de la tormenta. Prosigo mi viaje.
3 comentarios:
A veure, t'he agregat al meu bloc d'història de Sants i barris veïns.
Ah, i no sabia que t'ahgradessin les coses bohèmies. Et passo el myspace del Quico Palomar, que passa molt pel Raval venent dibuixos, canta i toca molts instruments.
Ja em diràs què et sembla.
Per cert, el meu bloc de Sants és www.historiessantsenques.blogspot.com
http://www.myspace.com/quicopalomar
Escolta Albert, avui segurament hem quedat jo i gent del Raval a les 17:00h per a parlar sobre el tema del degà per denunciar-ho de manera legal, i com que no tinc el part mèdic degut a temes de trasllats i examens, necessitem testimonis que ho veiessin.
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